EE.UU. ha dejado de ser un país
Trump ha llevado a los EE.UU. al borde del abismo, al fin de la decadencia del imperialismo yankee y a la degradación de buena parte de su sociedad.
En los anales de la historia, ni reyes ni emperadores, por muy burdos que fueran llegaron a tal grado de deterioro mental.
El coro de adulantes que rodea a Trump, pasará a la historia por ser la banda de inútiles más grande de los EE.UU. en todos los tiempos.
La insensatez, la falta de rigor científico y la imprudencia propiciada por la ignorancia está produciendo un desastre de consecuencias difíciles de prever.
Un día impone aranceles a todo el planeta y tres días más tarde los suspende por tres meses: El senador Adam Schiff ya ha pedido una investigación: “Estos vaivenes crean oportunidades peligrosas para el uso de información privilegiada. ¿Quién en la administración sabía de antemano sobre el último cambio de rumbo de Trump respecto a los aranceles?", esa es la cuestión.
La estupidez es de tamaño descomunal, mientras EE.UU. impone aranceles a todo el planeta, China mantiene cero aranceles a la mayoría de los países de África y parte de Oceanía.
Las amenazas de anexionarse Groenlandia o el Canal de Panamá, las amenazas de intervención militar contra Irán o los repetidos ceses de altos cargos de la Administración USA, son una clara demostración de la poca seriedad y la falta de respeto hacia los demás.
Pero detrás de estas actitudes y de estas iniciativas está el interés de Trump, por reducir el mundo a la bipolaridad EE.UU.-China.
Así le resulta más fácil, al plantear la dicotomía: o estás con China o estás con los EE.UU. o estás con ellos o estás contra mí.
Por eso se cuida muy mucho de mantener alejada a Rusia y a la vez introduce serias contradicciones en el grupo de los BRICS paralizando cualquier iniciativa y agudizando sus contradicciones a la vez que frena la ampliación del grupo.
Una jugada arriesgada de consecuencias imprevisibles que mantendrá entretenidos a todos los países durante unos cuantos años, mientras se deterioran los mercados a consecuencia del caos generado por los aranceles y las amenazas de intervención militar en cualquier esquina.
Trump quiere hacer buena la teoría del caos absoluto, es decir cuanto más caótica es la situación peor para los débiles y mejor para los fuertes, pero el problema es que se está equivocando, ya que los EE.UU. están en una situación de debilidad y quienes están fuertes son otros, léase la Unión Europea, China, Rusia…
EE.UU. es un país al borde de la quiebra, ahogado por su deuda, con un mercado interior dependiente de las importaciones, tecnológicamente decadente y militarmente fracasado, no está en condiciones de jugar el papel de potencia imperialista mundial y menos el de policía planetaria, los tiempos han cambiado y el imperialismo yankee ha llegado a su fin, es la hora de China y el nuevo orden mundial propugnado por los BRICS.
La torpeza de Trump, ha quedado patente en el daño que ha infringido a su socio Elon Musk, que fabrica buena parte de sus Tesla en China y ahora se ve abocado a pérdidas multimillonarias, a eso se le llama disparo a los pies.
Después del caos siempre vuelve la calma y con ella la certidumbre, el problema es saber medir los tiempos y las consecuencias del caos, claro que para eso se requiere una buena dosis de serenidad y objetividad, dos cosas de las que carecen el presidente norteamericano y sus acólitos.
No se están planteando soluciones de libro, por lo tanto que nadie se espere consecuencias previsibles, se están planteando propuestas descabelladas que asusten a todo el planeta para pedir ayuda o refugio.
Se trata por tanto de incendiar la pradera y a ver por dónde queda algo vivo, que me lo como yo, así de primitivo y salvaje.
No obedece a un plan estudiado, a un programa de gobierno calculado, a una estrategia…es improvisación en estado puro, tiempo al tiempo.
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