¿Quién desea una Tercera Guerra Mundial?

 

La decadencia de Occidente como potencia hegemónica surgida después de la Segunda Guerra Mundial, toca a su fin, así que es necesario imponer un pensamiento hegemónico, un pensamiento único, que repita el modelo anti-comunista frente a las potencias emergentes protagonistas de un mundo multipolar.

Para ello es necesario volver a recurrir al viejo truco de que “viene el lobo y nos va a comer a todos”, y ese lobo no es otro que el trío formado por China, Iran y Rusia, es decir tres países en los que no domina la religión dominante de Occidente, es decir la judeocristiana, tal como hiciera en su día el decadente Imperio Romano allá por el principio de los siglos, al convertir el judeocristianismo en el elemento de unión de los pueblos bajo su dominio.

Los “aliados” han perdido la batalla contra Rusia en su intento por someterla después de haber barrido con sus países fronterizos desde la disolución de la antigua Unión Soviética.

Se creyeron que usando a Ucrania como “cabeza de turco” contarían con el ariete que derribaría las puertas de Moscú y fracasaron, las derrotas constantes en el campo de batalla y el avance incontenible del ejército ruso es una sangría constante para unos aliados incapaces de avanzar y menos de vencer, así que, ante tamaña humillación es necesaria otra estrategia.

Y esa estrategia se basa primero, en forzar a los aliados para que incrementen sus presupuestos militares con la escusa de una guerra inminente, con el fin de producir más y mejores armas para el frente ucraniano y segundo, crear un pensamiento único capaz de convencer a sus ciudadanos de que la guerra es inminente y el aumento del gasto es imprescindible.

Claro que para todo lo anterior hay que partir del cuento del lobo, así que los enemigos deben aparecer ante la opinión pública como bestias feroces e insaciables que se van a devorar a Occidente.

Las consecuencias son fáciles de prever, reducción del Estado del Bienestar, vuelta al modelo tercermundista, represión y manipulación informativa, capitalismo cada día más salvaje, vuelta al servicio militar obligatorio y una derechización constante con estímulo a las corrientes nazis y fascistas.

No hay que olvidar que al igual que sucedió en la Roma Imperial, hay que crear un enemigo interior para que el caos sea constante, progresivo y justifique las medidas de excepción, de las que será culpable el enemigo exterior infiltrado…Rusia por ejemplo.

Ahora bien, ¿es realmente posible una Tercera Guerra Mundial?

La posibilidad siempre existe, pero va a depender de las circunstancias, así que lo primero que debemos observar es que en sus declaraciones, los “líderes” occidentales hablan de un escenario futuro, situado en 2030 o 2035, es decir que no es inmediata, hablan de prepararse para una Tercera Guerra Mundial, no de que se vaya producir hoy o mañana.

Entre otras cosas porque no están preparados para competir con Rusia, tal como está demostrando la evidencia de la guerra en Ucrania, donde la superioridad del armamento y el ejército ruso es evidente.

Occidente ha tenido dos grandes ocasiones (Ucrania y Gaza) para comprobar que su capacidad militar es inferior a la de sus posibles enemigos en caso de una Tercera Guerra Mundial, baste con señalar la desaparición de los portaviones USA del Golfo Pérsico ante los ataques de un país tan pobre como Yemen, que ha demostrado la obsolescencia y vulnerabilidad de este tipo de armamento frente a las nuevas tecnologías militares.

Ni EE.UU, ni Europa ha logrado fabricar misiles hipersónicos, están muy lejos de alcanzar el grado de sofisticación de la guerra cibernética y aeroespacial de Rusia y China, que se encuentran a la cabeza en el desarrollo de nuevas armas estratégicas y de combate.

El fracaso de los famosos aviones F-35 USA es un escándalo, del total fabricado hasta ahora sólo es operativo el 30%, el resto presenta fallos garrafales que les convierte en armas imprecisas y de dudosa confiabilidad.

El 80% de la flota naval USA está obsoleta y es vulnerable a las modernizadas flotas de Rusia y China, la capacidad de producción de armas y municiones de los aliados no llega para reponer las gastadas en la guerra de Ucrania, así que mucho menos para una guerra mundial.

Así las cosas, hablar de una Tercera Guerra Mundial con este panorama, va a ser que no es posible, a no ser que cambien mucho las cosas, más bien se trata de ampliar el mercado de armas y municiones para hacer un buen negocio a base de contar el cuento del lobo intentando hacer negocio con las guerras de otros.

Por supuesto ya no hablemos de armamento nuclear, donde la superioridad de Rusia nadie pone en cuestión, sin olvidar que durante estos 10 últimos años ha perfeccionado sus misiles balísticos intercontinentales y ha demostrado la eficacia de sus indetectables misiles hipersónicos de alta precisión en la guerra de Siria y la de Ucrania...el enemigo está avisado y guerra avisada…no mata soldado.

El problema lo tiene Europa, que no ha sabido crear un ejército propio, al margen de los EEUU, lo que le obliga a ir a remolque del Tío Sam, pero claro, se han instalado en la mentira de que ganaron la Segunda Guerra Mundial, cuando saben de sobra que esa guerra la gano Rusia.

Por consiguiente la OTAN es un tigre de papel, que no está en condiciones de afrontar una guerra a gran escala en la que indudablemente se verían implicadas China, Iran, Rusia y sus aliados, saben perfectamente que tienen todas las de perder…y tan locos no están.

La geopolítica no admite ese tipo de disparates a estas alturas de la historia, otra cosa son los desvaríos de algunos y algunas descerebrados y descerebradas que se atreven a decir irresponsabilidades para mantener el caos que les permite estar en el Poder político, que no siempre es el Poder real.

 

@ordosgonzalo

 

 

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